Cuba y el Tuning PDF  | Imprimir |  E-Mail
 

ImageA pesar de las particularidades propias de ser el último país comunista de occidente y de su heterogéneo parque móvil, Cuba no se libra de la fiebre del "tuning o tuneado", como se denomina a la personalización de coches con accesorios y adornos, lo que en Cuba llaman "pacotilla".

Hay teorías de todo tipo para explicar la avidez por el aderezo de los vehículos: desde el incremento de la entrada de divisas a través de profesionales cubanos en misiones en el exterior a la imposibilidad de gastar los ahorros en otra cosa.

 

cuba.jpg"La gente lo hace porque no puede comprar un carro, entonces, en vez de gastar el dinero en el carro nuevo lo gasta en el carro que tiene", dice Luis, un mecánico cuentapropista que dedica gran parte de su tiempo en convertir un viejo Oldsmobile Dynamic 88 de 1960 en una pieza de coleccionismo.

 

Además, el complicado entramado legislativo que rige el parque automotriz permite vender los vehículos clásicos antes de la revolución (1959) con título de propiedad, pero no los adquiridos después del triunfo revolucionario encabezado por Fidel Castro, de los que se puede trasladar la posesión, aunque no la propiedad, que es del Estado.

 

Luis compró el carro a una señora a la muerte de su marido por alrededor de mil dólares y, según dice, "apenas lo saqué del garaje donde estaba guardado y lo puse en la calle, un señor me ofreció $7.500 por él".

 

Cuando termine de pintarlo, ajustar todas las piezas originales que tiene y ponerle un equipo de aire acondicionado, un dvd LG y una pantalla de sonido Boss, calcula que el carro podría valer en el mercado alrededor de $30.000.

 

La Ruta tunante del carro tuneado

"Tunear" un vehículo en Cuba es sólo el fin de un larguísimo periplo en busca de piezas y materiales, en muchas ocasiones prácticamente imposibles de obtener legalmente por su escasez en el mercado o, para los viejos autos estadounidenses, por el embargo contra la isla que desde hace 45 años mantiene el país donde se fabrican sus repuestos.

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Bill tiene 22 años y asegura que se ha gastado alrededor de 9.000 dólares en un Moscovich de 1982 que muestra discos de freno de color verde fosforescente, alerón trasero y unas espectaculares calcomanías de llamas negras en los laterales, que pasan por estar pintadas.

 

Compró en una estación de servicio los adhesivos de disparos con que acribilló la parte trasera de su maletero, mandó hacer un tubo de escape cromado y de imponente figura en un taller de un pueblo a las afueras de La Habana y le compró un alerón de metal con tornillos a "alguien que me lo ofreció en la calle".

 

"Hay de todo (en los que vienen), pero hay muchos chicos jóvenes que tienen a sus padres trabajando para una firma extranjera, o que tienen un familiar que les manda dinero desde Europa o Miami (EE. UU.) y los hay que simplemente tienen una jinetera (prostituta)", explicó Fran, considerado uno de los mayores expertos de La Habana en la instalación de aparatos de sonido .

 

Fran es un cuentapropista autorizado; sólo instala equipos de sonido porque es lo único para lo que tiene permiso, pero asegura que no da abasto.

 

"Claro que es un boom, todos los chicos quieren tener el carro con toda la "pacotilla" , dice. Los clientes llegan generalmente a su taller con los aparatos para que él simplemente los instale.

 

Legalidad vs. Ilegalidad

Javi tiene 35 años, trabaja en una suerte de garaje improvisado en una zona residencial humilde de La Habana, donde se encarga de repintar coches con colores clásicos o estridentes , según el cliente.

 

Sus tarifas están sujetas a negociación pero, como media, un trabajo de pintura cuesta 500 dólares más 200 de mano de obra. El tiene claro que "todo hay que conseguirlo por fuera”.

 

"En la calle, la tinta te cuesta alrededor de 30 cuc (pesos convertibles, casi 33 dólares) y en una tienda del estado se compra por 60 (algo más de 65 dólares)", explica.

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De forma legal, un amplificador puede salir en 200 dólares, y un equipo completo de sonido con amplificación, altavoces y reproductor puede costar "entre los 800 y los 2.000 o 3.000 dólares", según indico Raimat, vendedor de accesorios para vehículos en una tienda del Estado en la capital.

 

A pesar de los altísimos precios, dice que tienen muchos clientes y que la gente compra todo, desde fundas para volante o asientos a dispositivos lumínicos , pasando por llantas o bocinas, eso sí, provenientes de otro país comunista.

El Tuning y la Revolución

Raimat dice que "no hay un perfil de cliente" predefinido, aunque los jóvenes prestan especial atención al cuidado y apariencia de su carro.

 

La mentalidad de la juventud cubana es una de las principales preocupaciones para la alta jerarquía del Gobierno cubano, que ha reconocido "vicios y tendencias negativas" en los jóvenes que crecieron durante el periodo especial, declarado en la isla tras el derrumbe del campo socialista europeo.

 

El propio líder cubano, Fidel Castro, afirmó en noviembre de 2005 en un discurso en la Universidad de La Habana que "esta revolución puede destruirse", y no por los Estados Unidos, sino por los propios cubanos.

 

 


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